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lunes, 24 de agosto de 2020

3 Microcuentos


Por Alice de Cappella

Ladridos confusos

En ese momento estábamos comentando que Kashtanka, ladrando a los barriletes, alborotaba a todos los perros del barrio. 

Llamaron a la puerta y allí estaba Don Jacinto, reclamando por su gallina carmesí que se había volado a nuestro jardín; fue cuando comprendimos que Kashtanka no solo ladraba a los barriletes.


Amor excelso

Cuando volvió de su primer día de clases, Cinthia exclamó: "Mamí, estoy tan enamorada!". la madre le preguntó cómo se llamaba el chico en cuestión y cómo era; entonces ella respondió totalmente extasiada: "Es pequeño, tiene un trajecito color verde con capucha, usa zapatitos también verdes con punta levantada y vuela sobre el patio del jardín".


Cómplices

Joseph se levantó a medianoche, tomó a Estrella por las riendas y la paseó tres veces sobre la tierra húmeda por el rocío que rodeaba la casa. Bajo la luz de la luna, Natividad limpió los zapatitos de los niños y acomodó algunas cajas en la galería.

Después, la yegua bebió agua de un balde, comió un montoncito de pasto y la llevaron nuevamente al cobertizo. Joseph y natividad se abrazaron, se miraron y dijeron en voz muy bajita: "Listo, ya llegaron los Reyes Magos..."


miércoles, 19 de agosto de 2020

Receta para un puchero expectorante

Por Alice de Cappella

Esa mañana, su mamá le dijo: "Prepará el puchero; no tenés más que ponerlo en una olla con agua y agregar estas verduras. ¡Lavá bien las papas! Hoy vuelvo un poco más tarde".

Cachito hizo la tarea de la escuela y después acomodó su habitación. Más tarde les dio de comer a las gallinas y a los pájaros. Finalmente empezó a pelar papas, zanahorias, puerros, batatas y lavó con todo esmero un pedazo de zapallo criollo que no pudo descascarar. Colocó la olla sobre el fuego, puso allí dentro la carne y algo de sal. Minutos después, agregó las verduras y un puñado de plantas aromáticas que él mismo se encargó de seleccionar.

Acomodó prolijamente los platos sobre la mesa. Como era sábado, todos tardarían en llegar, así que se quedó mirando una caña de pescar que estaba colgada de una pared, imaginando cómo mañana, domingo irían todos a pescar y se dijo a sí mismo: "Esta tarde voy a ir a juntar lombrices a la huerta".

Los primeros en llegar fueron su papá y su hermano, detrás de ellos apareció su mamá, quien frunciendo la nariz dijo: "esto huele raro"; destapó la olla y tres hojas de eucaliptus danzaban entre las hortalizas en el caldo del puchero. Tomó a Cachito de los hombros y lo increpó diciéndole: "¿Por qué le pusiste eucaliptus al puchero? Y ahora, ¿qué comemos?. Cachito, con la voz entrecortada y las lágrimas ya en sus ojitos le respondió: "Yo pensé que era laurel..."

Ese día, el perro tampoco quiso comer.

domingo, 9 de agosto de 2020

Las alas nuevas

 

Por Alice de Cappella


Me encontraron abandonado en un cajón viejo.

¡Estaba tan estropeado!

Poniéndome con ternura en una pequeña caja, una sensible mujer me llevó a internar. Allí, manos solícitas tomaron mi cuerpo desmembrado y remendaron mis dolorosos agujeros.

Después, con sumo cuidado, me pusieron en una camita de madera, adecuada para mi tamaño y reacomodaron mi desvencijada espalda. para ello, tuve que soportar irremediablemente, varios pinchazos.

Un peludo duendecito, subiéndose sobre mí, me masajeó el lomo con un ungüento blanco. Luego, recortaron las plumas de mi cabeza, pecho y pies, y enseguida, el duendecito, volvió a frotarme la espalda con el ungüento revivificante. 

Al otro día, me habían preparado flamantes alas con estampados dorados, las que con delicadeza fueron adheridas a mi cuerpo ya recuperado.

En realidad, aún me sentía un poco flojo.

No sabía que todavía me faltaba el trance más horrible. Esas mismas manos que me habían curado las heridas, me colocaban en un calabozo de hierro, estrecho y oscuro. Interminables horas pasé allí dentro.

Cuando al fin salí, me sentí joven, ágil y firmemente dispuesto a volar con quien deseara hacerlo.

Al tiempo, aquella sensible mujer, vino a buscarme.

Desde entonces, vivo en su casa, sus manos son mi nido. Ella se encarga de abrir mis alas y entonces, su percepción y mi poesía vuelan juntas.

Cuando volvemos de nuestro viaje, cierro mis alas, me acaricia y me coloca de pie en un estante, junto a otros libros como yo.



sábado, 8 de agosto de 2020

Naturaleza muerta

 


Por Alice de Cappella


- Annabelle, ¿con quién hablas?

- Con Quibu, mami.

- Bien, pero ahora, por favor, vengan al comedor porque la merienda está ya lista. 

- Quibu no quiere ir conmigo.

- Está bien, déjalo, si él no quiere tomar el té con leche, no hay problemas.

- Annabelle, ¿cómo es Quibu?

- Chiquitito como yo, ¿no lo ves?

- Sí, pero a veces no lo veo, decime ahora, ¿qué te cuenta? No lo oigo porque habla muy bajito y los he visto conversando.

- Él me cuenta cosas de las plantas, dice que todas las plantas son sus amigas. Pero ahora está muy enojado con vos.

¿Conmigo? ¿Por qué?

- Por esas ramas secas que pusiste en el jarrón, dice que son plantas muertas y a él no le gustan, dice que tenés que sacarlas de allí. 

- Ah, no. ¿Por qué me va a decir qué debo hacer? me parece que esas ramas secas son muy estéticas y quedan muy bien allí. Además, me las regaló papi y un regalo no se tira.

- Yo te digo, mami, Quibu está muy enojado.

- Bien, si él se enoja es su problema, pero no voy a quitar un adorno porque él lo diga. 


Esa noche, la pequeña familia estaba sentada en torno a la mesa, cenando apaciblemente. El gato, que momentos antes estaba dormitando cerca del fuego del hogar, se despertó y corrió a esconderse tras un sillón. Un fuerte estruendo estremeció la casa; los padres y Annabelle dejaron la cena y fueron a la sala, pues de allí provino el estrépito. El jarrón había caído al piso y los trozos de porcelana estaban esparcidos por todas partes. Las ramas secas parecían trituradas. 

El padre aseguró que el gato había hecho una travesura y había tirado el jarrón, pero Annabelle lo corrigió inmediatamente y dijo: "¡Fue Quibu!". La madre se quedó muda y asintió con la cabeza.

El padre se ofuscó y contestó: "¡Esa historia de fantasía no la tolero más; no hay ningún Quibu!

Annabelle y su madre recogieron los trozos de porcelana del jarrón y las ramas secas sin decir ni una palabra. 

Mientras tanto, el gato deseaba cazar algo que nadie podía ver y el padre de Annabelle lo miró desconcertado.

Annabelle cortó las ramas y las quemó en el fuego del hogar y le dijo a su padre: "Quibu dice que te perdona, ahora está contento. ¿Ves cómo juega con mi gatito?

El padre dice que no, la madre dice que sí y siente una pequeña sensación de complicidad con su hija. 

miércoles, 5 de agosto de 2020

Mi cactus (relato)


Por Tommy Fox Talbot

Tengo un cactus en uno de los balcones del contrafrente. Mi cactus es de color verde y una vez al año da una flor amarilla y grande.

Los cactus viven muy bien en los balcones, les gusta estar allí porque hay mucho sol y ellos, me parece, que allí son felices.

Me acuerdo que un día estuvimos en un lugar del norte de Argentina y había muchos cactus muy altos; era un lugar donde llueve poco y el General Belgrano había peleado allí contra los españoles que no querían que los países fueran independientes. Entonces, el General Belgrano les puso ropitas a todos los cactus gigantes, que en realidad se llaman "cardones" y asustó a los enemigos que se creyeron que esos cardones eran soldados gigantes del ejército del General Belgrano.


Yo sé que a mi cactus le hubiese gustado mucho defender al país de los enemigos de la patria argentina porque él se habría sentido todo un héroe. Mi cactus es todavía muy chico, y va a crecer mucho. 

Cuando un enemigo se acerque a Leonlandia del Sur, voy a ponerle un poncho a mi cactus para que sea como los cardones del General Belgrano y sienta que él también puede ser valiente. Eso le va a gustar mucho. 




sábado, 26 de octubre de 2019

El hombre más malo del mundo



Por Mireya Cappella de Klostenmayer

Es el hombre más malo del mundo. Tomó unas fotografías y con unos rituales de brujería dijo: “Yo voy a matar a este gatito”.

Los leonlandeses se dieron cuenta que algo andaba mal y vieron a su gatito que estaba lleno de tristeza. Convocaron a una reunión y advirtieron que el hombre más malo del mundo se había hecho de fotografías de Leonlandia del Sur y se había dedicado a hacer daño a través de su mente agusanada y maloliente.

El hombre más malo del mundo siguió haciendo daño; escondido como la sierpe trabajaba con sombras y humos negros, se deleitaba y sonreía cada vez que utilizaba rituales de muerte y suciedad. Entonces, los leonlandeses hicieron lo propio: convocaron e invocaron a todos los seres de Luz y Amor, controlaron las sombras y las despacharon de vuelta a su dueño, el hombre más malo del mundo.

Una leonlandesa, dedicada a escribir contra el tabaco y a favor del aire puro, una de las creadoras de FLAP, una joven bella y agraciada, inteligente y de agradables tratos, también fue atacada: el hombre más malo del mundo le colgó remolinos de humo negro y pestilente a sus espaldas. La maldad lo identifica, la crueldad es su modo de vida y las podredumbres son sus herramientas, por eso es tan feo, por eso cada vez es más desagradable y vil. Si él quisiera ser decente, podría renunciar a su mundo de bajos astrales y dedicarse a hacer el bien al mundo, pero no tiene coraje para ser buena persona: se ha acostumbrado a ser malo.

El hombre más malo del mundo siguió dañando y cada vez se hizo más y más perverso; su alma llora y le pide a gritos que deje el mal, pero ya es tarde y el cordón de la Vida Una ha adelgazado y cada vez que trabaja con sus rituales se aleja más y más del centro de toda luz.

Mientras tanto, los leonlandeses, atraíamos y continuamos atrayendo fuerzas de luz y poder para transmutar toda vejación y violación a nuestro territorio y habitantes. El hombre más malo del mundo es un degenerado.

Pero el hombre más malo del mundo no se daba por vencido y continuaba haciendo daño porque sí, porque siente odio hacia quienes son diferentes a él, hacia quienes son bellos de cuerpo y alma, hacia quienes son seres de luz y trabajan con la luz. Su lacayo, un gordinflón relleno de toda clase envidias, le pasaba una y otra foto nuestra. Nos dimos cuenta de la conexión entre ambos cuando las palabras y frases los delataron. El hombre más malo del mundo tenía bajo sus pies al gordinflón y el gordinflón a su vez se creía muy astuto siendo su lacayo. 

El gordinflón ha perdido dinero pagándole al hombre más malo del mundo para que nos haga daño y lo peor de todo: ha perdido la poca dignidad que tenía subsumiéndose al hombre más malo del mundo y arrastrándose ante él.

El hombre más malo del mundo hizo algo deleznable a favor de sí mismo: él se había enamorado de una mujer y la embrujó para que ella estuviese a su lado. La pobrecilla ni se ha dado cuenta de ello; será cuestión de trabajar sobre el tema para liberarla de las fauces del mal.

Así es que ahora, el hombre más malo del mundo sigue oculto y ha decidido continuar haciendo daño, pero los leonlandeses estamos más que advertidos y armados para contrarrestar al hombre más malo del mundo, un ser feo, deforme, oscuro y despreciable.




jueves, 24 de octubre de 2019

Un pajarito se fue a dormir


Los árboles de Plaza Pringles se llenaron de pajaritos. Hay de todos colores, inclusive hay cotorras que cuando se despiertan charlan mucho entre ellas y después se van volando. Estas cosas pasan ahora, nos contó el tío Berwin, porque los chacareros que no quieren al ambiente, desmontan, fumigan y dañan toda la naturaleza entera. 

Algunos pajaritos son muy chiquititos, como por ejemplo, los mixtos, que son una mezcla de jilguero con otros pajaritos. Son muy lindos y pian muy fuerte. 

También hay muchas palomas que son de diferentes razas. 


Todas las aves ya no nos tienen miedo porque saben que no les vamos a hacer nada, entonces se acercan y picotean el suelo al lado nuestro.

Mientras jugábamos ayer en la plaza para niños, vimos que un pajarito parecía cansado, quizás de los ruidos del tránsito, quizás de tener que trabajar mucho llevando comida al nido porque tiene pichones. Por suerte, los pajaritos hacen familias como la de los seres humanos pero mucho más amigables porque no se pelean o se gritan como esos vecinos que viven a mitad de cuadra que todos los días tienen un problema nuevo.

El pajarito que estaba cansado se fue volando a una rama y cerró por un ratito los ojos, la rama no estaba tan alta, por eso lo pudimos ver. Me hubiese gustado sacarle una foto, pero no hay que molestar a los animales cuando están durmiendo porque ellos escucha todo mucho mejor que los seres humanos y se despiertan muy rápido asustados porque no entienden qué está pasando.

Y el pajarito se quedó dormido un rato largo, mientras nosotros seguíamos jugando. Después pensamos que podía ser un pajarito viejito que necesitaba dormir una siesta. 

Al rato, comenzó a llover un poco, entonces nos dimos cuenta que el pajarito sabía que iba a llover y nosotros ni nos dimos cuenta. 


La tía Perla estaba de visita en Leonlandia del Sur y bajó a la Plaza para despedirse de nosotros porque el viaje hasta Fisherton es largo y si llueve fuerte, no está bueno manejar. Le contamos del pajarito que se fue antes a dormir y la tía Perla nos dijo que todos los animales tienen muy desarrollado el instinto para así poder sobrevivir en la naturaleza. Nos contó que en Suiza la gente les arma casitas de madera a las aves para que cuando venga el invierno no tengan frío durmiendo en las ramas.

Todos los pajaritos son muy bonitos y hay que cuidarlos mucho, los niños y niñas leonlandeses estamos pensando en hacer también casitas para los pajaritos y ponerlas muy altas en las ramas para que la gente mala no se las robe. 

Tommy Fox Talbot
Edelweiss Fox Talbot
Sven Fox Talbot